
El acceso a la vivienda es uno de los principales problemas a los que se enfrentan los jóvenes profesionales, gente de entre 25 y 35 años que andan buscando su sitio en la sociedad y en su propia casa.
Nacieron, mamaron y fueron a la guardería (hoy ‘escuela infantil’). Atravesaron la primaria y la secundaria y el bachillerato, y se graduaron luego en la Universidad. Han conseguido un empleo, después de esas prácticas en sitios magníficos donde les prometían. Y tanto les prometían que, gracias a Dios, encontraron empleo en otro lado.
Se han emparejado, lo cual era lógico porque así es la especie humana, y ahora andan buscando casa, un apartamento, un piso pequeño, una guarida o una madriguera. Y no lo encuentran. O sí.
Tienen ingresos suficientes para asegurar a cualquier Alquiler Seguro que son inquilinos solventes. Cualquier Agencia Negociadora del Alquiler podría contar con ellos y no conocerían a su arrendador ni nada. Pero no.
Son solventes pero parece que insuficientes. Al menos en el mercado libre. En lo público andan detrás de los anuncios de ese alcalde pequeño y gracioso de Madrid que se ufana cuando presenta el sorteo de 70 viviendas de alquiler accesible en Vallecas, 70 viviendas para una población joven, de entre 20 y 35 años, que se acerca a las 100.000 personas solamente en ese distrito y qué bien nos viene un sorteo de 70 pisos.
Les cabe la esperanza en todos esos desarrollos maravillosos en el sur y en el suroeste de Madrid que a cada rato se pasan por Telemadrid y ese alcalde pequeño y gracioso y esa presidenta guapa y descomplicada visitan e inauguran. La puesta en escena y el circo mediático de esos políticos a cada rato.
Esos jóvenes han encontrado un agujero en un distrito del centro de la capital. Caben a duras penas y pagan ‘un pastón’. Querrían reproducirse pero no están seguros de que la cría pueda prosperar en ese agujero. Siguen trabajando y prosperando en su empresa. Son responsables porque es lo que sus padres les enseñaron y quieren ser así. Pero cada tarde, cuando regresan a esa madriguera, se entristecen y piensan si esa vida merece la pena.
El acceso a la vivienda es un problema grave para los jóvenes profesionales de Madrid y de todas las ciudades de España. La solución a este problema puede que sea complicada pero ninguna administración (local, regional o central) tiene la más mínima idea de cómo hacerlo. O ni la más mínima intención de solucionarla.


